AjoSí, a esta conclusión se llego en un estudio realizado en la Universidad de Alabama, Estados Unidos. La clave está en la alicina, que se convierte en esos compuestos de sulfuro de tan mal olor que a veces se quedan impregnados en el aliento.

Esas sustancias reaccionan con los glóbulos rojos de la sangre y producen el sulfido de hidrógeno que relaja los vasos sanguíneos y hace que la sangre fluya con facilidad.

Aún así algunos expertos advierten en contra de ingerir suplementos medicinales de ajo, que pueden acarrear efectos secundarios.

El sulfido de hidrógeno huele a huevo podrido y es utilizado con frecuencia para fabricar bombas de olor. Pero en concentraciones bajas desempeña un papel clave al ayudar a las células a comunicarse unas con otras. Dentro de las arterias o las venas, además, estimula a las células que conforman la membrana para que se relajen y se dilaten.

Como consecuencia, se reduce la presión de la sangre, lo que permite que las células transporten más oxígeno a los órganos vitales, y se reduce la presión sobre el corazón.

Uno de los jefes de la investigación, el doctor David Kraus, dijo: “Nuestros resultados indican que incluir el ajo en la dieta es algo muy bueno”.

“Ciertamente, en las regiones donde el consumo de ajo está extendido, como el Mediterráneo o el Lejano Oriente, las enfermedades cardiovasculares tienen menor incidencia”, añadió.

Judy O’Sullivan explicó: “Este interesante estudio sugiere que el ajo podría proveer con algunos beneficios para la salud del corazón”.

Para O’Sullivan, “comer ajo o no como parte de una dieta variada sigue siendo materia de decisión personal”. Sin embargo, “ingerir grandes cantidades en forma de suplemento puede interferir con medicamentos anticoagulantes y aumentar el riesgo de sangrado”, advirtió la especialista.

Fuente: BBC Mundo