Un australiano de 65 años fue acusado de conducir ebrio por estrellar su silla de ruedas contra un coche patrulla de la Policía en el este del país.

El suceso ocurrió en la ciudad de Cairns, en el estado de Queensland, donde tras someter al hombre a la prueba de alcoholemia, se concluyó que había consumido una cantidad cinco veces superior al límite legal permitido para conducir.

Según el atestado policial, el ciudadano primero ignoró un semáforo en rojo en un paso de peatones y luego se estrelló contra el coche.

La silla de ruedas quedó destrozada y el vehículo sufrió desperfectos, pero no hubo que lamentar heridos.