Tenía un clavo de 8 centímetros incrustado en su cráneo
Boquiabiertos se quedaron los médicos de Chicago, cuando hallaron un clavo de más de ocho centímetros en el cráneo de un hombre que se lo había incrustado sin darse cuenta mientras hacía algunos arreglos a su casa.

Pasó un día, cuando entonce se sintió mal, acudió a los doctores que con asombro detectaron el objeto y así pudieron salvarle el cerebro.
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