Pasando a cosas más agradable hoy les hablo de un lugar espectacular: El lago de Atitlán, un lago bajo los pies de los volcanes.

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Conocido como el lago más bello del mundo, el lago de Atitlán, es sin duda alguna una de las grandes maravillas naturales de Latinoamérica, además de un excelente lugar en el cual perderse y descubrir los multicolores mercados de Guatemala.

El lago está situado en el suroeste de Guatemala, en el departamento de Sololá; es uno de los más importantes centros turísticos de Centroamérica. Con una longitud de 26 km y una anchura de 18 km, ocupa el cráter de un volcán extinto con un total de 18 islas formadas por rocas eruptivas.

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Tiene 125 km2 de superficie y unos 305 m de profundidad y no tiene salida visible. En la orilla sur del lago está el volcán inactivo Atitlán, que tiene una altitud de 3.537 m, y en la orilla norte se encuentra el puerto de Tsanjuyú. El área circundante al lago ha sido convertida en el espacio protegido Reserva natural San Buenaventura de Atitlán.

La vida en un día típico

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Muy temprano se aprecian en sus orillas a los pescadores, descendientes de los antiguos mayas, quienes preparaban las pequeñas embarcaciones para salir a faenar mientras las mujeres, vestidas de sus hermosos huipiles multicolores tejidos a mano, organizaban sus productos para venderlos en alguno de los pueblos que bordean el lago.

De Panajachel, la población más importante de Atitlán, parten las embarcaciones que recorren los pintorescos pueblecitos ribereños. Todo un viaje que merece bien la pena realizar.

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Cierto viajero, tras una interesante jornada escribió lo siguiente: “Recorrer las calles de estos pueblos era como remontarnos en el tiempo a los años que siguieron al descubrimiento. Las calles adoquinadas irregularmente brillaban húmedas por el pulido de la piedra… Las casas eran pobres pero cuidadas con incansable esmero. La cal blanca de sus paredes les daba un aspecto limpio, luminoso. Los indios paseaban sin prisa en todas direcciones. Vestían trajes sencillos de vivos colores y portaban las mercancías que venderían en el mercado… Una iglesia de rasgos coloniales sobresalía entre las casas bajas y uniformes. Todo parecía sacado de una página de la historia”.